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sábado, 20 de diciembre de 2014

Sobre "La noticia es el diluvio", poemario de Alexis Comamala



Luis Benítez

“Pan Comido Ediciones”, la pujante editorial de Córdoba –la capital actual de la poesía argentina- ha publicado en noviembre pasado un nuevo título de su colección poética, que viene a ampliar aún más el interesante catálogo de su fondo de volúmenes. Se trata del poemario “La noticia es el diluvio” (ISBN 978-987-45146-5-3), del joven autor Alexis Comamala, nacido en la citada ciudad argentina en 1979. Comamala acredita títulos anteriores, como “Ensayo mi muerte” (2007) y “El naufragio” (2009). Fueron compilados sus trabajos en “El día más parecido” (2008), entre otras antologías.

En este flamante poemario Comamala exhibe una destreza formal acrecentada y se muestra todavía más seguro de sí mismo para afrontar los problemas estilísticos que plantea resolver los alcances que desea darles a los núcleos de sentido de su obra poética. Está presente en sus versos una buena digestión de la tradición cultural occidental, bien decantada, que lo lleva a formular ya una voz personal con el acento puesto en la situación existencial del hombre contemporáneo, pero entendido como sujeto en el tiempo, dotado de un pasado histórico que define sus perfiles con no menor precisión y presencia que los conflictos propios de nuestro presente. Sin duda se trata de un horizonte ambicioso, pero la capacidad escritural de Comamala sabe sortear con habilidad los obstáculos de ese dibujo cubista, multiangular, que le impone a sus poemas. Una ajustada referencia a íconos culturales pregnantes le permite al autor instalar sus textos en un contrapunto con la tradición del género, ya a partir de la misma cita que abre el volumen, tomada del manuscrito acadio Atrahasis -Ziusudra para los sumerios- referencia que se continúa con el Gilgamesh, y el “Walden o La Vida en los Bosques”, el famoso ensayo del filósofo, escritor y poeta estadounidense Henry David Thoreau, y el Arca del diluvio, entre otras imágenes y conceptos; pero estos elementos operan en función de que el autor desarrolle cada vez con mayor potencia y adoptando un tono por momentos apocalíptico, una precisa ubicación poética del hombre actual. El empleo eficaz del voseo y de las referencias a lo cotidiano bajan a tierra el conjunto, dotándolo todavía de una mayor eficiencia en su conjunto. No es poco asunto el logro alcanzado por Alexis Comamala en este, su nuevo poemario, lo que hace que se vaya consolidando como una de las voces más interesantes de la actual poesía argentina. Sin lugar a dudas, se trata de un autor para seguir y releer, uno que no solamente promete, sino que sabe cumplir con aquello que busca el lector de poesía de nuestro tiempo.

Luis Benítez
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ASI ESCRIBE ALEXIS COMAMALA

he querido volver al Gilgamesh
sacramento de pasto en el olvido
simulacro de hastío en llamas
pero no
la vida sigue
nos queda
un hilo largo
tenue de miedo
mañana amanece
de vuelta en los labios del mar

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lo que merece ser dicho es tu nombre
lo borrado se escribirá de vuelta en el reverso del cielo
lo acallado será puesto en boca de los peces
lo encerrado se dispersará por los campos abiertos

entonces sabrás
que existió un día en que todo fue degolladero
callar y aceptar el abismo
como una oración que emerge del estómago

pensás adormecido que lo que flota es pasado
buscás una cifra que dé tu destino
un vacío en la ofrenda para caer despacio
sin pena ni gloria, solo muertos dados al canto

trazás nuevas líneas para recordar
y si hoy abro ese lugar de larva
y nos mareamos juntos
debajo allí debajo
estamos protegidos de un mundo
y de su reverso que emergerá
he incendiado un mapa y renunciado a los rezos
algo volverá de los cuervos
nada quedará del filo del hacha
resucitará el grito y la piedra

la infancia es un jardín sin escrúpulos
algo se dinamita, algo crece en la otra orilla
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domingo, 14 de diciembre de 2014

20 regalos ideales para intelectuales

REDNEL Colombia

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Dosis ilustradas en navidad: “20 regalos ideales para intelectuales”



1. Carol Dunlop, Julio Cortázar & la inderrotable furgoneta ‘Dragon Fafner’.



2. Paraguas ‘grandes autoras’ | Louisa Alcott, Mary Shelley, Emily Dickinson, Jane Austen, Sylvia Plath, Emily Brontë, Hurston & Woolf. Ilustraciones de Mike Caplanis | Luminaria Graphics, Inc.



3. Colección de jabones para bibliotecarios | Librarian Soap Collection: Diseño de Barbara Georges.‘Kerouac de jengibre & zanahoria’‘Plath de lavanda & rosa’, & ‘Bukowski de menta y albahaca’.

4. Té ‘En busca del tiempo perdido’ Marcel Proust | 5. Papel de baño multipropósito [higiene/origami]



6. Soportes para libros ‘súper personalizados’.


7. Títeres [de dedo] magnéticos: Warhol, Freud, Einstein, Picasso, Khalo & Van Gogh


8. Mentas post-terapia &  9. El ropero freudiano | The Unemployed Philosophers Guild





10. Derrida's Scrabble ¡El juego imposible! | 11. Writer's Remedy: Rompecabezas magnético para curar el bloqueo en la escritura.



12. Biblioteca & Baudelaire Parfums de Byredo | 13. Scent Stories: Marqués De Sade, George Orwell, Edgar Allan Poe Pierre Choderlos de Laclos. Diseño de Ah & Oh Studio.















14. Crema dental nihilista [Sin sabor. Sin color. Nada. No caries. No dentista. No dientes.] Arte de Archie McPhee 
15. Barra energética ‘Voluntad de poder’ [frutas & nueces]: La barra energética que trasciende el bien y el mal. Impresos en el empaque, encontrarán textos enigmáticos, curiosidades y los 12 pasos para convertirse en un Übermensch; incluso hay un bigote recortable. Dios podría estar muerto, pero el sabor sigue vivo gracias a nuestra increíble Will to Power Bar de Nietzsche | Philosophers Guild




16. Reloj Drink Kafka Beer | 17. Taza ‘Instant Writer’ [Solamente añada café]


18. Helvetica [vino] Wild Wild Web Studio 19. Absolute Spirit  [el vodka hegeliano] 
20. ‘Cerveza artesanal Márquez’ Tres presentaciones: ‘Amamanta: Orégano con rosas’, ‘Melquiades: Corozo’ & ‘Aureliano: Guayaba’. Arte de C. Sanabria & L. Moreno | Behance

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Editor/Cofundador | Sergio Díaz-Luna • Pontificia Universidad Javeriana; Universidad de California, Davis, E.U.

Subdirector | José Rubio Martínez • Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia

sábado, 13 de diciembre de 2014

"La muerte tiene los días contados"

“La muerte tiene los días contados”, nuevo poemario de Mario Meléndez





por Luis Benítez

Vastamente reconocido por el público lector y la crítica especializada, el poeta chileno Mario Meléndez fue hace tiempo consagrado como una de las mejores voces actuales de la poesía latinoamericana. Su trayectoria –pese a su todavía presente juventud- abarca un nutrido arsenal de títulos que ratifican por derecho propio lo señalado en el párrafo anterior. Es un nuevo acierto de la editorial Buenos Aires Poetry (ISBN 978-950-43-2837-7, Colección Pippa Passes, noviembre 2014, Buenos Aires, Argentina)  incluir una de sus mejores obras, “La muerte tiene los días contados” en su catálogo, brindando así la primera edición argentina de uno de sus poemarios, cuando ya han tenido cabida en prestigiosos sellos de Latinoamérica y Europa, y en esta última, en magistrales traducciones a lenguas extranjeras.

No en vano “La muerte tiene los días contados” ha recibido el elogio de diversos y destacados autores, entre ellos el gran Nicanor Parra, quien a lo largo de su siglo de vida ha leído y escuchado una vasta gama de trabajos poéticos, pero quien ante la obra de Meléndez no dudó en manifestar, en su momento: “¡Caramba! Hace tiempo que no leía un texto que se sostuviera por sí solo”, expresión que habla a las claras del impacto que espera al lector al recorrer la páginas siguientes.

¿Qué sostiene erguido a este poemario de Mario Meléndez, tal como lo declara el máximo poeta chileno viviente, el autor de los famosos “Poemas y Antipoemas”? ¿Qué hará que siga de pie, según pase el tiempo, según será fácil de advertir ya desde la primera lectura?

Las razones son varias y entre las fundamentales, revista la innegable calidad de los trabajos que aglutina el autor bajo este título: se trata de una obra de impecable unidad estilística, una que ha sabido reunir en una voz inconfundible y ya propia de Meléndez las decantadas influencias de autores latinoamericanos, estadounidenses y europeos, actuando como una original síntesis de esa polifonía. El manejo maestro de los recursos literarios que exhibe el autor le permite trasmitir a la sensibilidad y al intelecto del lector, simultáneamente, el sentimiento y la idea, la emoción y el concepto, con una innegable capacidad por parte de Meléndez para encontrar la expresión justa y ubicarla sabiamente en el contexto, reforzando su intensidad particular al tiempo que potencia lo general del poema. Repetido este logro a todo lo largo de la obra, el conjunto posee una fuerza expresiva que se destaca por sí misma y, curiosamente, aparece como uniformemente distribuida en todo el continuo del poemario. Señalable característica, pues no es habitual que un poemario de cierta extensión, como el que nos ocupa, acuse tan marcado equilibrio escritural. Se trata de una poética sin altibajos –los esperables incluso en autores de todavía más dilatada trayectoria y tiempo en el oficio que Meléndez y notoriamente consagrados- que sorprenderá, también por esta peculiaridad, a quienes se aventuren en sus páginas.

Asimismo, creo que éste es el momento adecuado para hacer una salvedad: como bien sabemos, nadie puede definir cuál es, ni siquiera en donde estriba, el innegable valor de una obra de arte poética. Es algo que se halla difuminado, esparcido por todo el conjunto, siendo inapresable para la palabra crítica. Podemos decir que “El cementerio marino”, de Paul Valéry, por ejemplo, es una obra maravillosa, pero al momento de pedírsenos que explicitemos en dónde radica su extraordinaria cualidad, nos será prácticamente imposible aislarla y someterla a examen. Invariablemente, la mayor parte de esa “razón de ser” poética de la citada obra se nos escapará y cuanto dejemos sobre el papel respecto de ella parecerá empalidecido, apenas referente, mero esbozo, ante la plena luminosidad de la obra a la que intenta vanamente describir o, siquiera, aludir. De modo semejante, ante lo alcanzado por Mario Meléndez en su sombría, riente, sarcástica, escalofriante, chispeante e “irreverente” (esto último, solamente para algunos y algunas) obra presente, se quiebra el lápiz y se atora el dedo en el teclado a la hora de particularizar sobre sus logros. Debo pedir disculpas por las torpezas de mi sola autoría que siguen a esta necesaria aclaración, al referirme a algunos aspectos de “La muerte tiene los días contados”.

Pero voy a intentarlo como mejor yo pueda.

En principio, señalemos que toda ironía en el fondo –y aun por delante- conlleva una mirada piadosa dirigida en espejo a aquello sobre lo que se ironiza. Que la ironía que destila –entre otros aspectos- esta obra de Meléndez, tenga por objeto la más impiadosa de las entidades, la mismísima señora de la guadaña, habla a las claras del punto de partida original que ha elegido el poeta para su trabajo, donde el hombre, que es el único animal que sabe que se va a morir, se dirige a la muerte a escala de la historia pasada y la más reciente, despojándola de su aura fúnebre a medias, para “humanizarla” a un grado tal que, por momentos, hasta la misma muerte nos despertará una sospechosa “condolencia” –no hay término más apropiado, dado el objeto- respecto de su suerte. Aquí, sin embargo, se evidencia el sentido del sentimiento despertado en espejo: quizá no nos condolemos de la suerte de la muerte, sino de la nuestra propia, proyectados en su temible figura. La muerte interlocutora de Meléndez, la fijada por Meléndez, no es solamente la alegórica entidad ni el hecho irreversible y biológico que a todos nos acecha seguro de su ineluctabilidad: es otro disfraz del hombre, quien debe aludir y eludir para hablar de aquello que lo toca hondamente.

El volumen se halla dividido en nueve secciones: “La vida privada de la muerte”; “La muerte lloró a los pies de Jesús”; “La muerte tiene los días contados”; “Los heterónimos de la muerte”; “Los personajes de la muerte”; “La muerte lleva una camisa de fuerza”; “Postales del más allá”; “Historias de la vida irreal” y “La muerte, todavía”. La presente edición argentina es una versión corregida y aumentada por el autor, respecto de la inmediatamente anterior, aparecida en Rímini, Italia, bajo el sello de Raffaelli Editore, en 2014, bajo el título “La morte ha i giorni contati” (edición bilingüe, italiano y español), en traducción de Alba Metaponte y prologada por el destacado poeta chileno Francisco Véjar. En efecto: la sección “Historias de la vida irreal” es incorporada recién en esta edición argentina, constando de los poemas titulados: “El cadáver de nadie”; “Historias de la vida irreal 1”; “Historias de la vida irreal 2”; “Tango feroz” y “Por tu propio bien”, cuando este último poema integraba, en la edición italiana, la sección final, “La morte, tuttavia”. Asimismo, en la sección “Los heterónimos de la muerte”, la edición italiana incluye el poema “La morte parlò in privato con Dio”, descartado por el autor en esta edición. En la sección “Postales del más allá” de esta edición de Buenos Aires Poetry falta el poema “Bonsai”, incluido en la de Raffaelli Editore.

La obra de Meléndez, lejos de cristalizarse, se encuentra siempre en una permanente metamorfosis y un proceso de cambio, al estilo de aquel óleo de Pablo Picasso que el célebre pintor encontró en un museo privado, años después de haberse desprendido de él, y que allí mismo retocó a su parecer, mostrando cómo, más allá de las fijaciones establecidas por la cultura, la obra sigue siendo de la sola propiedad de su creador.

Desde luego que lo anterior no agota de modo alguno cuanto puede decirse sobre el presente volumen, habida cuenta de lo antes señalado respecto de lo intangible e irreductible de la obra de arte, pero supongo que puede servir como un mediano antecedente para quien desee adentrarse en una de las obras más interesantes que ha dado la nueva poesía de nuestra América. En definitiva, “La muerte tiene los días contados”, en todas sus versiones, es una pieza ineludible en el anaquel destinado al género.

Luis Benítez

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ASI ESCRIBE MARIO MELÉNDEZ

Tres kilos pesó la muerte


 

Cuando nació la muerte

nadie quiso tomarla en brazos
era tan fea como las gordas de Botero

No durará mucho
dijo la madre al salir del parto
tan resignada y ausente
como una piedra en medio del temporal

Pero la muerte traía en los ojos
una luz endiablada
un dulce escalofrío de eternidad

Se equivocaron los médicos
y la matrona
y aquél que pasó la noche
llamando a la funeraria

Ahora es un bebé robusto
comentan las enfermeras
y a veces hasta Dios le cambia de pañales

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Autorretrato de la muerte


Qué puedo agregar de mí
que no se haya dicho o escrito
o publicado por esa manga de reporteros
parados noche y día en las afueras del cementerio
subidos en las cruces
escondidos en los nichos vacíos
atrincherados en la fosa común con sus cámaras hambrientas
para ver si me atrapan en algo poco digno
o consiguen una instantánea de mi esbelta anatomía
o se llevan la exclusiva de mi rostro al despertar
saliendo de ese féretro que parece congelador
o tomando el sol en traje de Eva
recostada sobre la tumba de mi madre
Qué puedo agregar de mí
que los gusanos no aclararan en su momento
que Chagall no tuviera en mente
mientras colgaba detrás de su tela
o esas moscas que acompañaban los restos de Baudelaire
no hayan hablado en la sobremesa
o el fantasma de Vallejo no haya previsto
en esa noche de aguacero
Qué puedo agregar de mí
salvo que he sido feliz en los campos de batalla
aconsejando a los suicidas
mientras se miran al espejo por última vez
visitando a los enfermos terminales
tomando la palabra en el entierro de Cervantes
cargando el ataúd de Miguel Ángel o John Lennon
probándome el pijama de Mandela
Qué puedo agregar de mí
si cada letra de mi loca biografía
la escribirán ustedes tarde o temprano

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La muerte habló con Benedetti

17 de mayo de 2009

Ya es hora, le dijo
sabes muy bien como es la cosa
no me hagas perder el tiempo
y empieza a caminar hacia esa puerta
lentamente, donde mis ojos te vean
Olvida tus zapatos, tu voz, tu dentadura
y déjate llevar, disfruta de este viaje
ponte cómodo, verás que tengo razón
y te acostumbras a tu nueva identidad de muerto
donde no podrás escribir, es verdad
no podrás contarle a los amigos
que tu sombra crece hasta el infinito
que la noche se colgó de una estrella
y su cuerpo sigue tibio en la morgue de los sueños
Pero sabrás de antemano, eso sí
por qué la vida se cortó las venas este domingo

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La muerte habló con van Gogh

29 de julio de 1890

Yo también estoy loca, le dijo al oído
y mis demonios salen de noche
a estirar las piernas
y queman los campos de trigo
mientras se emborrachan
o le cortan la cabeza a las abejas
y ahogan los gatos pequeños
porque traen mala suerte
Mis demonios son como yo
calvos y huesudos
y tienen mal humor
cuando despiertan
a las cinco de la tarde
para tomar el té con galletas
o son interrumpidos mientras
se retratan los unos a los otros
en sesiones infinitas
Pero les tengo cariño, sabes
son los hijos dejados en la puerta
que lloran de hambre y de frío
Entonces los abrazo y les digo
Vamos donde el tío Vincent
el último en llegar, desaparece


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La muerte quiso ser Rimbaud


La muerte quiso ser Rimbaud
y sentó a la belleza en una silla eléctrica
Me falta práctica
comentó a un medio local
pero esperen a que reciba la enciclopedia de oro
Poetas del más allá
con Whitman a la cabeza
y ese loco de Artaud que ahogaba las palabras
en agua bendita
Verán como en semanas manejaré la pluma
me llamarán la nueva Rimbaud
la vedette que todos anhelaban
Mientras tanto
llevaré a la belleza de compras
le diré que todo fue un mal entendido
Ojalá y no me haga la cruz por igualada

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Concursos literarios

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 DICIEMBRE 2014 
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jueves, 4 de diciembre de 2014

El minero y el vizconde





Por Eva Feld 

Se derrama demasiada tinta en lucubrar sobre la pertinencia de la novela histórica en los albores del tercer lustro de este  siglo XXI y, sin embargo, nadie puede cuestionar  su vigencia como género literario ni el favoritismo del que goza en un creciente universo  de lectores. La amplia gama de autores abarca desde los reconocidos en el mundo editorial hasta los noveles “incursionistas” que se autofinancian reducidas ediciones según la demanda. A este segundo género pertenece Richard Hoskin, graduado en Oxford,  jubilado de la industria, residente de Kentucky, originario de Cornualles y, ahora, autor de El Minero y el Vizconde, una radiografía de su patria chica, en el siglo XVIII.

Richard Hoskins es hijo y nieto de escritores y periodistas de manera que la historia de su pueblo le es consustancial. Creció escuchando  los cuentos, anécdotas  y chismes de los córnicos, de su lengua medio galesa medio bretona, de esas minas de estaño que enriquecieron a mucha aristocracia y maltrataron a tantos mineros. La crónica de su novela abarca a tres familias, dos de ellas de la vida real y una tercera extraída de su fecunda imaginación, pero también de más de cinco años de investigación y de reescritura.  Ambas sometidas hebdomadariamente al escrutinio, al mismo tiempo afectivo y severo, de un numeroso grupo de escritores que todos los lunes se reúnen en la librería Joseph Beth de Cincinnati.

En esa misma librería y ante una nutrida concurrencia, Richard Hoskins  presentó esta,  su primera novela, el 3 de Diciembre bajo la promesa de completar una trilogía en los próximos años: “Estoy retirado. Tengo  todas las posibilidades para el disfrute del ocio. Entonces ¿por qué he escrito una novela histórica?  Se preguntó Hoskins y no tardó en responderse: “Simplemente tengo que contar la historia de Cornwall. Es mi lugar de nacimiento, es donde crecí. Está arraigado en historia antigua, con profundo origen en el pasado Celta. Su escenario es espectacular, rocoso, pintoresco, marino y con millas de tierra talada salpicada de minas abandonadas. Su gente es independiente y terca. Nosotros los Córnicos somos únicos: celtas mezclados con supervivientes  la Armada española…”

Aún siendo únicos en sus orígenes, el trasfondo de El minero y el Vizconde refleja la condición humana: la avaricia, la corrupción, la lujuria, la lucha de los contrarios como también las voces disidentes, progresistas y esperanzadas.

A continuación  breves extractos de su discurso de presentación (a ser leído con grueso acento británico, uno proveniente del finisterre inglés):

The Miner & the Viscount takes place in the late C18th, when Cornwall’s rich history mirrored that of Britain. It was a turbulent time of increasing wealth, the industrial and agricultural revolutions, the worldwide grab for empire, the rise of Methodism, the Enlightenment, a time when political corruption was taken for granted.

The story traces three aristocratic families and the miners, preachers, mariners, stewards and farmers they live among, some well-known historical characters, some fictional. They struggle with change, wealth and poverty, ambition and idealism, love and hatred, honor and revenge.